Según giramos a la derecha, a la vuelta del puerto, empieza a soplar un vendaval tremendo de cara. Hay que ir buscando refugio en las espaldas de corredores más grandes y se van formando grupitos para resguardarnos un poco. El caso es que voy relativamente cómodo. Es una recta de unos 3 kilómetros por el paseo marítimo hasta el extremo del pueblo. En el kilómetro 9 y poco me meto el gel (ya van dos contando el de salida) pensando en beber en seguida en el avituallamiento del 10… que al final se convierte en el del 11 y pico con lo que la boca pastosa “se agradece” un montón. Ya empiezo a ir cansado y no tan agusto pero en el paso por el km 10 miro el cronómetro y voy genial! Voy más o menos igual que en Valencia de tiempo, aunque no son las mismas sensaciones. No pasa nada, pienso en los motivos del anterior post y todo se convierte en positivismo. El aire pega de culo con lo que ya no molesta tanto. Ya voy mentalizado de ver otra vez al Fan Club en el centro del pueblo. La animación es bestial y las aceras están hasta arriba.
Cuando ya voy llegando al punto de encuentro, el glúteo y la pierna derecha empiezan a llamar a la puerta y ya no voy cómodo. Los dolores ya no me dejan correr bien. Esto comienza a ponerse ya curioso. Yo ya preveía que el límite de aguante estaría más o menos aquí. Y en lo que me empiezo a comer la cabeza de nuevo ver a alguien con muelles en los pies gritando como loco… David one more time. Cómo se agradece coño! Sois la caña los tres! De lo que más me arrepiento de toda la carrera es que cuando pasé por su lado lo único que fui capaz de mostrarles fue una mala cara y un gesto de que las cosas no iban bien. No fui justo. Tenía que haberme mostrado un poco más positivo con ellos, por no preocuparles y porque se merecían otro gesto. La adrenalina otra vez me lleva arriba, me tomo el gel (siguiendo la cuenta ya van tres) y me planto en el 15 y pico. Creo que una vez que bajé el ritmo para beber agua bien ya no pude volver a recuperarlo. Ahí vino el primer leñazo. Ya no puedo levantar bien las rodillas. Me empieza a doler todo y tengo la sensación de no avanzar.
Me mentalizo de llegar hasta el 17,5 o así que es donde está el extremo del recorrido y desde el cual ya, sí o sí, llego a meta porque de alguna manera hay que volver.
No lo he pasado tan mal en mi vida corriendo. Las piernas no me aguantaban un paso más. La cabeza ya no tiraba para delante y sólo me decía una y otra vez “para, anda un poquito que te va a venir bien, no tiene sentido que sigas, ¿qué pretendes demostrar?, ¿qué ganas con esto?”… hasta que le hice caso. Cuando llegué al punto de más alejado del recorrido no pude más y me puse a andar. Lo único que sentía era impotencia y pensaba en todos los que me dijeron que no lo hiciera, que no estaba preparado, que no era sensato con el dolor de la pierna meterme 21kms, etc… me quedaba un gel en el bolsillo así que en ese tramo de unos 200 metros andando decido tomármelo aunque sólo fuera por quitármelo del bolsillo (y la cuenta se completa con cuatro geles), a estas alturas me molesta absolutamente todo. Giramos en la siguiente calle y… ZAS!! El vendaval ha vuelto!! Hace mucho frío, quiero que esto se acabe ya!! Así que arranco a intentar “correr” otra vez. No consigo levantar los pies más de 2 o 3 centímetros del suelo pero tengo la sensación de ir volando. ¿He dicho que hace mucho frío? Pues hace mucho. La tripa también lo siente así y decide que el cuarto gel ha sido la peor de las opciones y ahora ya no es ni la pierna, ni la espalda, ni nada más. Es la tripa la que me las hace pasar canutas durante los últimos 2 kilómetros. Estoy deseando llegar sólo para taparme con algo caliente y para buscar algún WC. A todo esto me viene a la mente que Lorena, David y Ceci estarán preocupados. Estoy tardando mucho más de lo que había tardado en otros parciales. Da igual, no pares y en seguida te verán y sabrán que todo va “bien”. Desde 1,5 kms antes las aceras de la calle están abarrotadas. Todo el mundo anima mucho y aplaude. Me pasa lo que Fer me había contado que le pasa en algunos Ironman: cómo llevamos el nombre escrito en el dorsal, alguno se fija y te anima por tu nombre! Qué pasada! Entre retortijón y retortijón veo la alfombra azul y roja de meta delante de mí.
Se acabaron los dolores, se acabó el frío, se acabó!! Lorena chillando como loca junto con Ceci y David, el de los muelles en las piernas. Y entonces es cuando el mismo bicho que me entró en Valencia en los ojos, me vuelve a atacar de nuevo. Por unos segundos el tiempo pasa más despacio y casi 2 horas de sufrimiento se convierten en algo que merece la pena pasar. Esta vez me guardo para mí lo que pensé porque tampoco sabría contar exactamente como contarlo, pero sí que al menos se que a cabezón no me gana nadie, que cuando quiero puedo, y que con lo flojo que soy, esta vez lo he conseguido! He acabado mi segunda media maratón y a pesar de haberlo pasado fatal.
A partir de ahí bajón, ganas de irme al hotel a ducharme y entrar en calor. Lágrimas cruzadas de emoción con Lorena y los abrazos de Cedi y David… gracias, mil gracias! Os aseguro que si no es por vosotros tres no llego meta.
Las conclusiones que saco de todo esto son: ¿Se debe hacer lo que hice? Rotundamente no. Hay que entrenar más y ser constante en los entrenamientos. ¿Merece la pena sufrir corriendo para llegar a un arco que está a 21,097 kms de donde empiezas? Pues esto no lo sé todavía, pero seguro que en la próxima salgo de dudas.
