Esta vez no tengo muy claro por dónde empezar a contar cómo fue la Media Maratón de Santa Pola. Quizás por el final: acabé y lo conseguí; quizás por el principio: no debía haberla empezado; o por el medio: no he sufrido corriendo tanto en mi vida. Es más, creo que esas tres reflexiones resumen el sentir de estos días y, sobretodo, de los momentos siguientes a cruzar la meta.
Cómo no soy Tarantino y no me manejo tan bien como él, creo que lo mejor es empezar por el principio.
Toda la aventura de Santa Pola comenzó torcida desde el inicio. En dos meses, desde Valencia, sólo he conseguido encontrarme bien físicamente un día, no entrené prácticamente nada y no fui nunca sensato con los consejos de la gente que sabe sobre lo que tenía que hacer y, principalmente, dejar de hacer: correr. Tenía que haber descansado mucho más después de Valencia y no lo hice.
A mis absurdos problemas, le juntamos que el resto del equipo, por unas o por otras, que no me corresponde a mí contar, finalmente no iban a participar. Y eso que todos tenían ganas de volver a demostrarse capaces o debutar, como era el caso de Fernando. Por primera vez desde que corro, me iba a plantar en la línea de salida “solo” en una carrera importante. Entrecomillo lo de solo porque es evidentemente que al final no lo estaba. Sin duda fue esa la más poderosa de las razones para acabar. No iba solo, eran muchos los que me acompañaban en todos los kms, y allí había tres representantes de todos: Lorena (siempre, absolutamente siempre, ahí) David y Ceci (realmente increíble que estuvierais allí sin tener que correr).
Al lío… el día empezó lleno de nervios, no había podido dormir bien y en el desayuno no entraba casi nada de comida. David, Ceci y Lorena insistían en que debía comer más para cargar el cuerpo pero no podía. Para colmo al ir a coger la mochila cuando nos íbamos me dio un ligero tirón en la espalda… ¿alguna señal más para que no corra?
Salimos del hotel para Santa Pola y la primera en la frente, atascazo para llegar. ¿En serio no tengo que correr? Al final conseguimos inventarnos un sitio donde aparcar y llegamos a la zona de salida con el tiempo demasiado justo. Ahora, en frío, creo que hasta me vino bien porque no me dio tiempo a preocuparme ni a pensar en la carrera o en lo que me venía por delante. A toda prisa me cambié, me decidí a salir en manga corta, porque en ese momento no parecía que hiciera mucho frío (primer error), aunque sí cogí los guantes para que las manos entrasen en calor rápido. Me tomo el primer gel antes de salir y me despido del Fan Club. Apenas quedan 6 min para la salida y todavía tengo que intentar llegar hasta la zona que más o menos se ajuste a mi ritmo de salida. Va a estar complicado así que en cuanto veo un hueco en las vallas, y corredores intentando acceder por ahí, me acoplo a la cola. “Dos minutos para salida” gritan desde megafonía y en lo que me preparo el ipod y el reloj empiezan los cohetes típicos de la salida de Santa Pola. En seguida empieza a haber movimiento por lo que me doy cuenta de que estoy muy adelante. Según me meto ya en el mogollón pasa por al lado mío el globo de 1:45 y ya me confirma que estoy muy avanzado. Esta vez voy a ser yo uno de los pesados que van más lentos y entorpecen la salida. Me doy la vuelta y busco el globo de 1:50 o el de 1:55… ¡no hay! “Fenomenal”, a mi ritmo y mis sensaciones.
En seguida se puede empezar a correr bien y no hay demasiados mogollones (es lo que tiene salir delante) y, gracias adrenalina, los dolores de espalda desaparecen. No hay dolores! Qué gran noticia. Empiezo a correr a gusto y tratando de disfrutar. Sin noticias del aire y hasta parece que hace calorcito… nada más lejos de la realidad. Pronto llego al kilómetro 5 y ya en breve pasamos por la zona de salida y meta con lo que voy a ver a los tres animadores. Hasta me voy planteando quitarme los guantes y dárselos. En principio los voy a ver en el 5,5; en el 6,5 y en el 14,5. Cuando llego a la zona de giro hacia el puerto veo que está todo vallado y sólo los voy a poder ver en uno o en otro, pero no en los dos de la zona. Voy buscando por la izquierda, como habíamos quedado, y de refilón veo a la derecha a alguien pegando botes como loco… no podía ser otro que David. Allí estaban los tres gritando y animando. Subidón de adrenalina e inconscientemente subo el ritmo. Les hago la señal de que todo va bien. Ya no les voy a volver a ver hasta dentro de 9 kilómetros. Empieza lo divertido...
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